Intentando combatir mi insomnio crónico he salido a dar una vueltita por Bilbao. Cruzando el puente de la merced, ya de vuelta he presenciando una situación no extraña, supongo, en estos días que corren. Un chaval de unos 17 años de origen magrebí ha increpado a unos bilbainos todos rozando o revasando la treintena por ser gays. A lo que uno de ellos a respondido "no me jodas, que tengas que venir tu de fuera para llamarme maricón, anda vete al magreb a comerte un kebab". No he podido evitar esbozar una sonrisa agridulce, ironías del destino.
Cuando hablo de minorías siempre me suelo referir a ellas de una manera no tanto cuantitativa sino más bien como un colectivo con potencial revolucionario frente a la norma institucionalizada. Ahora bien, pasajes como este son los que me incitan a pensar en el error cometido por mi persona, las minorias aun podiendo tener ese potencial revolucionario, emplean sus fuerzas para luchar entre ellas. Hace un tiempo lei, no recuerdo donde, que la comunidad musulmana de no me acuerdo que ciudad prohibió que sus hij@s fueran a clase en los días que se impartian unos cursos o jornadas (siento la poca exactitud, pero creo que la idea se entiende) sobre homosexualidad. Dos minorías tan importantes como el LGBT y los inmigrantes enfrentados entre sí, en vez de luchar contra el enemigo común, y lo mismo podemos decir de comunistas y anarquistas (actualmente minorias absolutas), ecologistas, feministas, antimilitaristas, animalistas, antifascistas, anticarcelarias... No estoy intentando hacer apología de ningun tipo de frentismo sino de hacer una propuesta clara, trazar puentes, solidaridad, empatía frente a los problemas de otras minorías y trabajo conjunto, cada uno a su manera pero todos a la vez.
De que sirve una sociedad donde se respenten los derechos de los inmigrantes si las mujeres siguen oprimidas? y que sentido tiene una sociedad sin clases que no respete la naturaleza? Y sobre todo, que sentido tiene cualquiera de las revindicaciones de esas minorías dentro del capitalismo? El eje que sustenta todas las desigualdades es el capitalismo, por lo que es inconcevible una autentica revolución (total o parcial, como podría ser cualquiera de las revindicaciones de alguno de esos colectivos) sin destruir el capital y por ende, el estado.
Revolución social, ostias!
Las minorias sin conciencia son un verdadero asco.
ResponderEliminarYo siempre no se porque tenía la extraña idea de que pertenecer a una minoría podñia inspirar en la gente sentimientos de solidad hacia la opresión que sufren las otras, pero parece ser que sigo siendo un iluso... a pesar de todo
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